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Descansa en paz
 

 

 

DESCANSA EN PAZ
Por Pedro Barros

Escalofrío  recorrió  mi cuerpo cuando escuché la noticia. Quedé en un estado de shock del que salí cuando escuché en el auricular del teléfono  nuevamente la pregunta: ¿Qué vamos a hacer?
-Te busco en media hora- respondí. Comenté la situación con mi esposa y me fui a buscar a Juan.  No sabía con lo que me encontraría pero tampoco podía suponer nada, por el momento solo era necesario ir.

La historia se remonta a un barrio de gente trabajadora en donde mi esposa y yo habíamos comenzado un grupo de estudios bíblicos. Hasta allí llegó una simpática mujer madre de varios niños a quién llamaré Hortensia. Ella se mostró entusiasmada y participó de los encuentros que organizábamos y al poco tiempo decidió seguir a Jesús.
En una conversación Hortensia manifestó su bronca hacia su madre, ella no consentía que su madre vuelva a casarse. De la boca de Hortensia salieron los insultos más duros hacia su madre.
Habían pasado muchos años desde que sus padres se divorciaron, pero el tiempo  había  fracasado en su intento de borrar las heridas en Hortensia.
Con mi esposa le hablamos de la importancia del perdón, le explicamos los beneficios del perdón para su vida, pero ella repetía y repetía: -sí, sí entiendo pero a mi madre no voy a perdonarla-.

 Habría pasado menos de una semana desde la última conversación con Hortensia cuando en una fresca tarde de otoño me disponía a tomar un té (mate) con mi esposa cuando  el teléfono llamo: 
-Hola- dije
-Hola Pedro- me dijo la voz inconfundible de Juan, mi compañero en el ministerio.
-Hey Juancho, ¿Qué tal?, dime-
-han asesinado a la mamá de Hortensia, ¿Qué vamos a hacer?, ¿Vas tú solo, vamos los dos?- Sonó firme la voz de Juan.
La noticia me aturdió   a la vez que se lleno de preguntas mi cabeza.

Busqué a Juan y nos dirigimos hacia el lugar del velatorio. En el viaje supe que la mamá de Hortensia había sido asesinada a golpes en un descampado de las afuera de la ciudad, su asesino se había ensañado en golpearla hasta dejarla casi irreconocible, alguien que pasaba vio el cuerpo y dio aviso a la policía.
En las hora siguientes el cuerpo de la mamá de Hortensia era entregado a los familiares para su sepultura y la policía detenía a un hombre con frondoso prontuario quien confesó el asesinato.

Desde donde dejamos el auto hasta el lugar del velatorio había unos 100 metros, ni bien bajé me estremecí por los  gritos de llanto. Era un llanto extraño, de esos llantos que le dicen a tu espíritu que no solo hay dolor, esos llantos que te producen escalofríos. Continuamos caminando por la oscura calle en dirección hacia la luz que se dejaba ver por una puerta abierta de par en par. Cuando estábamos a punto entrar a la improvisada capilla ardiente percibí que mis piernas temblaban, necesitaba el auxilio de Dios.
Nos recibieron una docena de miradas asustadas, allí me percaté que los gritos de llanto salían del interior de Hortensia, estaba desesperada. Me acerqué a ella y cuando me vio solo dijo: - no le pedí perdón y ahora está muerta- y se quedó mirándome esperando una repuesta. Hice silencio por unos segundos que me parecieron horas y le dije lo que me pareció más sensato: - Pídale perdón ahora-, inmediatamente la mujer se aferro al féretro y comenzó a gritar delante de todos con la mirada fija en el rostro deformado de su madre.
 - mamá, perdón mamá, perdóname por haber dicho de ti....- .
 Luego que hizo esto algo pasó en Hortensia,  estoy convencido que Dios estaba allí junto a ella  y que Su amor intervino en medio de aquella confesión, ahora era una mujer llena de dolor pero no desesperada.

Esta experiencia levantó en mí preguntas y reflexiones.
“Que descanse en paz” es un trillado dicho que popularmente se usa cuando alguien muere; y me pregunto:

¿los que estamos vivos cuando no perdonamos…?:

¿Podemos tener descanso y tener paz? ,
¿Cuál es el límite en donde el alma tapa con rencor el amor?,
¿Porqué valoramos a las personas cuando ya las perdimos?

Confieso que las repuestas que tengo a estos interrogantes siempre están abiertas para seguirse ampliando; pero hay un punto en común que siempre es parte de la solución: El perdón.

Usted a lo mejor piensa, no puedo perdonar, pero permítame decirle lo siguiente:
Dios perdona mis pecados y Dios restaura mi vida, lo que quiere decir que Dios reparo el daño que se causó. Si Dios arregló mi vida ya no hay daño, por lo tanto no hay razón para no perdonar.

El perdón es una decisión, es la decisión de soltar mis ansias de venganza, es entregar mi causa a Dios, es dejar que Dios me  restaure y restituya todo.
Creo que Pablo entendía la importancia del perdón cuando escribió: “32Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”

Y Jesús sabía que necesitamos descanso cuando nos ofrece:” 28Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”

Por último y a título personal: Creo que la paz y el descanso es algo que debemos cultivar los vivos, y el perdón es fundamental para lograrlo, por lo tanto: “Perdona y descansa en paz.”

Hasta la próxima

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Dimes y diretes
por Pedro Barros


Un día de verano, luego de una visita a mi abuela materna, mis padres regresaron a la casa. Al llegar mi padre se enteró que llevaba varias horas de haber muerto.
La cara de asombro y terror  de mi tía y algunos vecinos con la boca a medio abrir era el paisaje que mis padres contemplaban desde el interior del automóvil que lentamente se detenía al costado de la acera.

-  ¿Pasa algo? - fue la pregunta de mi padre al conjunto de asombrados, mientras cerraba la puerta del auto suavemente.

- Bueehhhh- balbuceo la tía para luego decir con voz temblorosa: –Creíamos que te habías muerto-
- Pues no, ya ven que estoy bien vivo- replicó mi padre señalándose desde los pies hasta la cabeza.

¿Porqué un grupo de personas se concentró frente a la casa de mi padre convencidas que había fallecido?
Por el siguiente mal entendido: Mi hermana Ana Maria es profesora y por estar enferma no había asistido a trabajar. En la escuela también trabajaba en el área de administración  otra señora de nombre Ana Maria, que tampoco fue a trabajar, porque había fallecido su padre. Alguien hizo un comentario sobre el fallecimiento del padre de Ana Maria, sin aclarar cuál de las dos Ana Maria, y se dió por sentado  que se trataba del padre de la profesora Ana Maria; de esta manera la noticia corrió y así para muchos mi padre había muerto.
De la comedia dramática que un día de verano, ya hace más de 15 años, mató a mi padre rescato lo siguiente:
Para evitar errores es bueno corroborar la información y la fuente. Palabras dichas a la ligera pueden matar , asesinar la reputación, el honor y la credibilidad de alguien. Nadie tiene el derecho de hacer esta barbaridad, pueden existir muchas maneras de explicar estas conductas  pero nada las justifica.
Santiago  escribió en su epístola sobre los peligros del mal uso de las palabras (Stgo. 3:1-12), con advertencias muy claras sobre los efectos que tiene lo que sale de nuestra boca.
Dimes y diretes irresponsables que llegan a nosotros  con tono de chisme o de información tienen la capacidad de hacer cambiar el corazón y la opinión sobre la gente,  son armas tóxicas que matan:

-A los que amamos
-A quienes nos bendicen
-A conocidos y desconocidos.
-El honor y la reputación.
-Dañan y marcan los corazones de niños inocentes

Reflexionemos y tomemos muy en serio lo que decimos, y por duro que suene evitemos convertirnos en asesinos, asesinos seriales.

Hasta la próxima

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De acuerdo al cristal
Por Pedro Barros

¡ Es una locura!

¿Cómo podes estar tan tranquilo?

Y tantas otras expresiones se nos dicen cuando tomamos decisiones que violentan la lógica de los usos y costumbres.

Cada persona es un actor en un determinado punto de la sociedad y dentro de su rol individual hay una manera particular de ver las cosas. Un cristal que le da a la vida el color del mismo.

La monotonía de acción hace que las respuestas a ciertos problemas sean casi idénticas entre dos personas que ni siquiera se conocen, debido a un patrón de pensamiento generalizado.

Perdimos toda esperanza de salvarnos : dice Lucas, al relatar las peripecias del naufragio. La palabra “Perdimos” nos habla no solo de una posición solitaria sino de una colectiva: Lucas y el resto de la tripulación del barco Adramitano estaban mirando por el cristal “NADA SE PUEDE HACER”. Se habían resignado nada más y nada menos que a morir.

Las sociedades, sin importar de qué tipo son, tienen la tendencia a resignarse al cristal de los pronósticos. Es por esta causa que a muchos importantes opinólogos, por ejemplo de temas económicos, se les llama gurúes, ya que su oficio es predecir el futuro económico y, lamentablemente, incentivar a países enteros a tener conductas similares acordes a la predicción. Al igual que en la economía, hay gurúes en muchas otros aspectos.

Estamos acostumbrados a mirar por el cristal de la opinión general a la que llamamos LO NORMAL; lo normal de hoy, lo anticuado de mañana.

Los animo a cobrar ánimo porque ninguno de ustedes perderá la vida, fueron las palabras de Pablo, aseveración que pulverizó el cristal del desánimo y detuvo a la muerte que venía a buscar a quienes le esperaban rendidos.

Las palabras de Pablo no eran el resultado de la opinión del gurú de turno, sino de la revelación que Dios le había entregado. Pablo se constituyó en el portavoz de quien tenía la última palabra sobre el barco y la gente; Pablo fue el vocero de Dios en medio de la tormenta.

Cada uno de nosotros, como hijos de Dios, debemos ser gente de revelación, con el mensaje positivo del evangelio, y dije “debemos” porque no hay ninguna excusa para que no lo seamos. Jesús nos dio libre acceso al trono del Padre para escuchar de cerca y proclamar lo que dice Dios, que es quien tiene la última palabra. Cuando la fe nos trae la revelación, podemos descansar y hacer frente a quienes nos gritan: Hey, tú, ¿por qué tan tranquilo?, ¿no te das cuenta...?, ¡No, NO! Es una locura.
Los lentes de la fe no polarizan la vida del color de las opiniones de turno, sino que revelan la vida desde la perspectiva de Dios.

Imagina por favor lo siguiente: estás junto a otras personas en una gran sala y en tus manos está el único interruptor de luz que allí existe. La luz depende de ti, nadie te dice cuando enciendes o apagas la luz: esa es tu decisión.

El resto de la gente solo puede hacer el juego de pronosticar cuando tú encenderás o apagarás la luz. De hecho, esto afectará el estado de ánimo de las personas: habrá los que quieren leer, los que quieren dormir, etc. Pero de última, quien toma la decisión eres tú.

Pasa igual con Dios: quienes no le conocen juegan el juego del pronostico que afecta a millones de personas diariamente y muchos de ellos no saben que son parte del juego. Pero la decisión final la tiene Dios y nosotros, sus hijos, somos Sus voceros, aunque esto implique nadar en contra de la corriente. ¿Nos animamos?

Hasta la próxima.

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